Los conflictos son parte del día a día de cada persona, los vemos en la universidad, en nuestro grupo de amigos, en el alojamiento… nos causan molestia y preferimos evitarlos, pero saber enfrentarlos y resolverlos no solo mejora nuestro presente sino que nos enseña para el futuro y nos permite ser mejores líderes.
Un conflicto es una situación de desacuerdo, incompatibilidad o confrontación entre dos o más personas debido a diferencias de opiniones, valores, intereses… y el liderazgo es la capacidad de influir, motivar, organizar a las personas hacia una meta común, es decir, un buen jefe ante cualquier tipo de problema tiene que buscar la solución que beneficie a todas las partes.
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Tu alojamiento: el campo de entrenamiento para tu futuro profesional
Como hemos dicho, un buen líder es aquel que ante los conflictos no se frena y usa su influencia para resolverlos, pero ¿por qué saber resolver conflictos en tu alojamiento te hace mejor líder?, la respuesta es sencilla, aunque una persona nazca con las aptitudes de liderazgo tiene que ponerlas en práctica y aprender a liderar.
En este sentido, no hay mejor sitio que nuestra residencia, ya que al vivir más de dos personas juntas surgen problemas que tenemos que resolver. Pero no hay una única forma ni de reaccionar ni de liderar:
Diferentes tipos de liderazgo
Sobre los diferentes tipos de liderazgo se establecen distintas visiones, pero una de las más aceptadas y utilizadas en entornos de trabajo y convivencia es la propuesta por el psicólogo Daniel Goleman en su libro Primal Leadership. Los seis estilos de liderazgo que establece son:
| Estilo | Descripción |
| Estilo autoritario | Se basa en la disciplina. Este da órdenes que se deben cumplir, no existe una comunicación ni negociación posible, estando por encima de todo la disciplina. Suele provocar la desmotivación del equipo ya que los trabajadores sienten que no tienen control sobre su trabajo. Por lo que solo debe emplearse en situaciones en las que no haya otra solución. |
| Estilo democrático | Este sigue la idea de que hay que tener en cuenta la opinión de todo el grupo a la hora de tomar una decisión, teniendo una escucha activa. Es uno de los estilos más participativos. La figura del líder está definida, pero este intenta que todos sean parte, pero si los compañeros del grupo no están lo suficientemente capacitados no aportarán datos de valor, provocando una pérdida de tiempo. |
| Estilo afiliativo | Se enfoca en las personas, en la creación de lazos entre los diferentes miembros del grupo. Así se consigue la armonía en el grupo. El principal inconveniente surge cuando la falta de organización y disciplina es muy grande. |
| Estilo visionario | Los líderes buscan motivar a su grupo mediante una visión clara y emocionante haciendo partícipes a todos los integrantes de la meta. Quien utiliza este tipo de liderazgo no da órdenes sino que intenta que el proceso funcione con poca intervención. |
| Estilo timonel | Se caracteriza por un jefe que se pone de ejemplo por lo que busca actuar cómo un modelo a seguir. Es estricto y rígido, centrado en las normas por lo que existe poca flexibilidad. Este tipo de liderazgo es el que observamos en jefes de proyectos expertos en el tema. |
| Estilo coach | Se basa en ayudar a los miembros del grupo a encontrar sus puntos débiles y fuertes para que cada uno desarrolle todo su potencial. Busca la formación de miembros válidos mediante el desarrollo continuo. |
Comportamientos comunes en los conflictos
Ante un conflicto existen diferentes reacciones que el modelo de Thomas-Kilmann nos explica, basado en dos perspectivas diferentes: la asertividad (satisfacer necesidades propias) y la cooperación (satisfacer los intereses del otro).
Estas dos dimensiones nos permiten definir cinco comportamientos típicos:
- El competitivo: Es asertivo y no cooperativo, es decir, quiere por encima de todo satisfacer sus intereses empleando cualquier medio.
- Colaborador: Es tanto asertivo como cooperativo. Este tipo de individuos intenta trabajar para buscar una solución que satisfaga a ambas partes.
- Compromiso: Es el campo intermedio entre la asertividad y la cooperación. El objetivo es buscar una solución que satisfaga parcialmente ambas partes.
- Eludir: no es ni asertivo ni cooperativo. Al eludir, el individuo no busca ni resolver su problema ni el de la otra persona. No se dirige al conflicto.
- El complaciente: Es cooperativo, pero no asertivo. Este deja a un lado sus propios intereses para satisfacer los de la otra persona.
Al ver todos los tipos nos puede venir a la cabeza que uno es mejor que otro, pero la realidad es que no hay una solución única en los conflictos y que dependiendo del problema se puede adoptar una perspectiva u otra. En cualquier caso, para poder resolver los obstáculos de este tipo primero hay que escuchar a todas las partes e intentar ser lo más objetivo posible a la hora de solucionarlo.
Podemos pensar que esto no tiene nada que ver con, por ejemplo, los problemas que surgen de la convivencia, pero no hay nada más lejos de la realidad. Ante un compañero que no respeta las normas hay muchas reacciones, sobre todo de enfado, para un mismo conflicto, está el que prefiere eludirlo para no crear más problema o el que busca que todos estén bien e intenta ser más colaborativo. Lo importante es no pensar en caliente ni hacer del problema algo más grande, un buen líder tiene que escuchar y adoptar la pose que mejor convenga en cada caso.
Cómo actuar ante los conflictos
Ante los problemas solemos tener maneras parecidas de reaccionar, un líder efectivo es aquel que no solo resuelve el problema sino que saca algo bueno de él. Antes de que el conflicto se convierta en un obstáculo que impida una buena relación podemos seguir los siguientes pasos:
- Intervenir en el momento correcto: Hay que mantener la calma y no exaltarse, existen muchos problemas innecesarios, el mediador tiene que saber en qué momento debe actuar a tiempo para revertirlo y evitar un impacto mayor.
- Identificar el problema real: un líder escucha a todos los implicados, en muchas ocasiones las discusiones se dan por falta de atención a lo que dice el de al lado. Hay que buscar las necesidades reales que hay tras lo que dicen los involucrados.
- Conocer los límites de los compañeros implicados. La persona al mando debe conocer a sus colegas y cuales son los riesgos de comportarse de una forma u otra. Además buscar crear un espacio donde se pueda dialogar con respeto.
- Ver el conflicto como una oportunidad: Detrás de cada problema hay un aprendizaje, estos obstáculos son, en muchos casos, ocasiones donde se pueden crear equipos de alto desempeño.
- Evalúa las diferentes alternativas e identifica la mejor para una solución: Creando diferentes objetivos y para estos buscando la solución que mejor lo resuelva.
- Buscar soluciones: Hay veces en las que buscar una solución pasa a segundo plano porque es más importante encontrar a un culpable. Esto no debe ser así, los problemas tienen soluciones, si nos centramos en la culpa no podremos avanzar.
Al ser líderes hay que hacer en muchas ocasiones lo que nadie quiere, una parte es la resolución de conflictos, pero realmente se deben ver como oportunidades para todos.
Sé líder en tu día a día
La capacidad de liderazgo no aparece únicamente en una oficina, en una entrevista de trabajo o cuando diriges un equipo profesional. También se entrena en situaciones cotidianas: al convivir con otras personas, al tomar decisiones en grupo, al escuchar opiniones diferentes y al resolver pequeños conflictos antes de que se conviertan en grandes problemas.
La residencia universitaria es uno de los mejores lugares para empezar a desarrollar estas habilidades. En un alojamiento como Campushome, donde conviven estudiantes con rutinas, personalidades y formas de organizarse distintas, cada día puede convertirse en una oportunidad para aprender a comunicarte mejor, gestionar tus emociones y buscar soluciones que favorezcan la convivencia.
Imagina una situación sencilla: un compañero lleva varios días sin lavar los platos y la cocina empieza a oler mal. Puede parecer un problema menor, pero afecta a todos los residentes que comparten ese espacio. Ante este conflicto, pueden aparecer diferentes formas de reaccionar.
Una persona con actitud competitiva puede decidir enfrentarse al compañero gritando o amenazando, buscando imponer su solución sin tener en cuenta el ambiente del grupo. Alguien complaciente, en cambio, podría lavar los platos por él para evitar una discusión, aunque eso suponga ignorar su propio malestar. También puede haber quien eluda el problema y decida no usar la cocina o fingir que no pasa nada, aunque la situación siga afectando a todos.
Una postura de compromiso intentaría encontrar una solución intermedia, por ejemplo, pedirle al compañero que lave una parte en ese momento y el resto más adelante. Sin embargo, la actitud más eficaz suele ser la colaboradora: antes de juzgar, intenta entender qué está ocurriendo, habla con la persona implicada y busca una solución que tenga en cuenta las necesidades de todos. Quizá ese compañero está en época de exámenes, tiene una mala organización o simplemente no es consciente de cómo afecta su comportamiento al resto.
En este caso, un líder efectivo no actúa desde el enfado, sino desde la responsabilidad. Puede combinar distintos estilos de liderazgo: usar un enfoque visionario para recordar al grupo que mantener los espacios comunes limpios mejora la convivencia, y un estilo democrático para proponer entre todos un calendario de limpieza justo y realista. Lo importante no es imponer una solución, sino conseguir que todos se sientan parte de ella.
Este tipo de situaciones demuestran que liderar no significa mandar, sino saber intervenir en el momento adecuado. Primero hay que gestionar las propias emociones, porque es normal sentirse molesto cuando algo afecta al bienestar común. Después, conviene elegir un buen momento para hablar, evitar humillar o señalar a la otra persona y centrarse en buscar soluciones, no culpables.
Un calendario de limpieza, una conversación respetuosa o una norma acordada entre todos pueden parecer acciones simples, pero tienen un gran valor: ayudan a transformar un conflicto en una oportunidad de aprendizaje. El grupo aprende a escucharse, a entender las razones de los demás y a encontrar acuerdos que mejoren la convivencia.
Por eso, vivir en una residencia como Campushome no solo forma parte de la etapa universitaria, también puede convertirse en un verdadero entrenamiento para el futuro profesional. En cualquier empresa, equipo o proyecto aparecerán desacuerdos, diferencias de criterio y momentos de tensión. Quienes hayan aprendido desde jóvenes a afrontar esos conflictos con empatía, comunicación y responsabilidad estarán mucho mejor preparados para liderar.
Al final, ser líder no consiste en evitar los problemas, sino en saber afrontarlos. Y la convivencia diaria es una de las mejores escuelas para practicarlo.
